asi fué como llegó a ese tejado. aquel gato de ojos rasgados se sentía tan bien, que se autoflagelaba pensando en la posiblidad de resbalar y caer hacia donde los malos, de donde el mismo venia.
Pero el sabia que debia estar atento, aferrado a sus suspiros, alejado de sus recuerdos...sabia que ahí en su piel, podria limar sus uñitas, y que cualquier maullido se transformaria en una canción, también sentia que porfin una mirada atravesaba sus ojos de gato, llegando directamente a su almita, acariciando asi sus pensamientos.
Se le puede ver por ahi, agarrado de sus piernitas, mirandola, y ronroneando al ritmo de su vocecita del sur, que le canta todas las palabritas que regocigan su corazon...
ama a su pistolera, que lo defiende de los desamigos que lo vienen a buscar, pa que se baje del tejado.

Apareció justo cuando las lágrimas eran parte del cotidiano. Arriba de los techos se escondía la Perla queriendo escapar de los malos, siempre armada de su pistola sin balas y de corazones rotos, mucho más rotos que antes. Fue así como conoció a su chinito, una melodía hermosa había llegado a acompañarla, ya no caminaba sola sobre el tejado, un gato de ojos rasgados venía a saltar y cantar. Un bailecito en la madrugada los hacía más felices. Suelen envolverse en cariño y la sobredosis simple hace que sus frentes simples iluminen los espacios. Se les puede encontrar saltando por el centro devorando algún detallito sabroso.
ResponderEliminarLa perla ya no está sola.